lunes, 26 de enero de 2009

¿Qué dice la Biblia acerca de la Música de Adoración Contemporánea?

John Macarthur
Tomado del Libro Fool`s Gold

Tristemente los cristianos de hoy necesitan ejercitar discernimiento en su iglesia local probablemente más que nunca. Siempre que hay predicación pobre y una filosofía errónea del ministerio, muchas iglesias locales sufren porque carecen de habilidad para distinguir sana doctrina de la falsa enseñanza. Para complicarlo mas, muchos creyentes tiene diferentes opiniones acerca de temas preferentes, algunas veces causando innecesarias divisiones en el cuerpo de Cristo. Discernimiento es necesario para estas situaciones también, y el principio bíblico y gracia cristiana debe prevalecer. Con esto en mente, este capítulo se enfoca con frecuencia en el controversial tema de la música de adoración contemporánea. ¿Debe la iglesia solo cantar himnos, debe seber cantar coros de adoración, o debe caer en algo en medio? Y ¿Cuales son los principios bíblicos para determinar estos estándares? Este capítulo se dirige estas cuestiones.
Recientemente colaboré en una serie de libros acerca de algunos grandes himnos de la fe cristiana. Mi tarea en el proyecto fue escribir una sinopsis doctrinal de cada himno seleccionado. Fue fascinante y un ejercicio iluminador, causándome profundizar más que nunca antes dentro de la herencia de los himnos cristianos.
Al ir buscando la historia de estos himnos, me hizo recordar que un profundo cambio tuvo lugar en la música de la iglesia en un tiempo cerca del siglo diecinueve. La composición de himnos virtualmente se detuvo. Los himnos fueron reemplazados por “canciones evangélicas”, canciones que generalmente son ligeras en contenido doctrinal, con estancias cortas seguidas de un estribillo, un coro, o una línea final lírico común que es repetida después de cada estrofa. Las canciones evangélicas como regla son más evangelísticas que los himnos. La diferencia clave es que la mayoría de las canciones evangélicas son expresiones de testimonio personal que se dirigen a una audiencia de personas, mientras que la mayoría de los himnos clásicos han sido cantos de adoración dirigidas a Dios.
Una Nueva Canción
El estilo y la forma de la canción evangélica es adaptado directamente del estilo de la música popular del último siglo diecinueve. El hombre más común considerado como el padre de la canción Gospel es Ira Sankey, un dotado cantante y compositor que salto a la fama en las reuniones de D.L. Moody. Sankey fue un solista y líder de música para las campañas evangelísticas de Moody en América y en Gran Bretaña.
Sankey quería un estilo de música que fuera simple, mas popular, y mejor apropiada para el evangelismo que los clásicos himnos de la iglesia. Así que el comenzó a escribir canciones gospel (mas cortas, simples tonadas con refranes, en el estilo de la música popular de ese día. Sankey cantaba cada verso como un solo, y luego la congregación se unía cantando cada refrán. Aunque la música de Sankey al principio provocó alguna controversia, la forma captó al mundo entero casi inmediatamente, y para antes del siglo veinte algunos preciosos himnos nuevos fueron agregados a los himnarios modernos. La mayoría de las nuevas obras fueron canciones gospel en el género que Sankey inventó.
Es digno de mención que en la mayoría de los himnarios aun el día de hoy, el único himno más conocido con derechos de autor después de 1940 es “Cuan Grande es El”. Y clasificar este trabajo como himno del siglo veinte es exagerar las cosas un poco. “Cuan Grande es El” no sigue necesariamente la forma de los himnos clásicos. Incluye un párrafo, que es más característico de los cantos gospel que de los himnos. Por otra parte, no es realmente una obra del siglo veinte. Las primeras tres estrofas fueron escritas originalmente en 1886 por el muy conocido pastor Sueco Carl Boberg, y traducido del Sueco por el misionero británico Stuart Hine no mucho antes del brote de la Segunda Guerra Mundial. Hine agregó la cuarta estrofa, que es el único verso en la versión popular Inglesa de este himno que es realmente escrito en el Siglo Veinte.
En otras palabras, por más de setenta años virtualmente ningún himno fue agregado al repertorio popular de la música de la iglesia congregacional. Esto refleja el hecho que algunos pocos verdaderos himnos de calidad perdurable han sido escritos.
Mis comentarios no significan una crítica en forma general de las canciones gospel. Muchas canciones gospel familiares son maravillosamente ricas en expresiones de fe. Aunque la canción de Sankey más popular “Las Noventa y nueve” casi nunca se canta como un canto congregacional del día de hoy, fue un hit de la era de Sankey. El improvisaba la música en el spot de de una de las conferencias masivas de Moody en Edimburgo, usando las palabras de un poema que el antes extractó aquella tarde de el periódico de Glasglow. Esas letras, escritas por Elizabeth Clephane, son un simple movida adaptación de la Parábola de la oveja perdida de Lucas 15:4-7.
Y un mas perdurable favorito de la era de oro de las canciones gospel es “Grace Greater Than Our Sin” (Gracia mas grande que nuestro pecado). La canción es una celebración del triunfo de la gracia sobre el pecado. Su estrofa es familiar:
Gracia, Gracia, Gracia de Dios,
Gracia que perdona y limpia por dentro,
Gracia, gracia, Gracia de Dios
¡Gracia que es más grande que todos nuestros pecados!
Canciones como estas han enriquecido las expresiones de fe de la iglesia.
Francamente, sin embargo, muchas de las canciones gospel son terriblemente débiles en contenido en comparación con los himnos cantados en generaciones anteriores. En general, el resurgir de las canciones gospel en los cantos de la congregación, señalan una disminución de énfasis y objetivo doctrinal. El cambio central claramente ha afectado el contenido de los cantos. Vale la pena observar que algunos de canciones gospel típicas son tan insípidas y vacías que los oponentes extremos de la generación actual de la música contemporánea cristiana pudieran quejarse legítimamente sobre esto.
De hecho, las críticos tradicionalistas que atacan la música contemporánea meramente porque su estilo contemporáneo, especialmente aquellas que imaginan que la música antigua es mejor, necesitan pensar estas cuestiones nuevamente. Y por favor entienda que la preocupación que estoy resurgiendo tiene que ver con el contenido y no meramente el estilo. Juzgando las letras solamente, algunas de las más populares canciones antiguas son aun más ofensivas que las cosas modernas. No puedo pensar en otra canción contemporánea que es más banal que los amados recursos antiguos “In The Garden” (En el Jardín):
Vengo al jardín solo,
Mientras el rocío permanece en las rosas,
Y la voz que escucho,
Cayendo en oído,
El Hijo de Dios se revela.
Y el camina conmigo, y el habla conmigo,
Y el me dice que soy de el,
Y la alegría que compartimos se detiene allí
Nunca nadie la ha conocido.
El habla, y el sonido de su voz
Es tan dulce que los pájaros silencian su cantar,
Y la melodía
Que el me ha dado
Dentro de mi corazón esta sonando
Me quedo en el jardín con El
Aunque la noche alrededor de mi este bajando,
Pero él me manda que vaya,
A través de la voz de la aflicción
Su voz a mí llamo.

Estas letras no dicen nada de cualquier sustancia real, y lo que si dicen no es particularmente cristiano. Es una rima un poco empalagosa acerca de alguna experiencia personal y sentimiento, y aún así proclama un mensaje bastante despreocupado y ambiguo. Mientras que los himnos clásicos buscan glorificar a Dios, las canciones gospel como “In The Garden” (En el jardín) están alimentando cruda sentimentalidad.
Numerosas canciones gospel sufren del mismo tipo de debilidad. De hecho, muchos de los más amados favoritos “pasados de moda” son prácticamente desprovistos de cualquier sustancia cristiana verdadera y son marcados con sentimentalidad tonta. “El amor me levantó”, “Toma mi mano, precioso Señor”, “Susurros de esperanza”, y “No es secreto lo que Dios puede hacer” con algunas ejemplos familiares que viene rápidamente a mi mente.
Obviamente, entonces, tampoco ni la antigüedad ni la popularidad de una canción gospel es una buena medida de su mérito. En el hecho que la canción gospel es “pasada de moda” no es ninguna garantía clara para que sea apropiada para la edificación de la iglesia. Cuando se lleva la música a la iglesia, lo antiguo no necesariamente es bueno.
De hecho, esta mismas canciones gospel “pasadas de moda” a menudo ensalzadas por los críticos modernos de la música de la iglesia son realmente lo que preparó el terreno para las tendencias de las criticas que se hacen que algunas veces se denigre correctamente. En particular, la falta de substancia en mucha de la música de hoy es el fruto previsible de la manera del cambio al por mayor de himnos a canciones gospel, que comenzó en algún tiempo al final del siglo diecinueve.
No estoy sugiriendo que el estilo de música que Sankey introdujo no tiene un legítimo lugar. Las canciones gospel jugaron sin duda un papel testimonial importante y efecto evangelístico. Y por tanto ello merece un prominente lugar en la música de la iglesia. Pero es desafortunado para la iglesia que para el principio del siglo veinte, las canciones gospel fueron virtualmente todo lo que se escribió. Los músicos cristianos al final del siglo diecinueve (como los de la era de los teólogos) estaban demasiado enamorados de todo lo “moderno”, ellos abrazaron el nuevo estilo de la música congregacional con una agresividad desenfrenada, y en el proceso todos ellos desecharon el estilo antiguo de los himnos de la iglesia. Tristemente, para el final del siglo la canción gospel tomó fuerza y le dio un codazo a los himnos clásicos. Y así la tendencia de Sankey comenzó pero terminó la rica tradición de la himnodia Cristiana que floreció desde el tiempo de Martín Lutero y aun mucho antes.
Antes de Sankey, los escritores de himnos dominantes fueron pastores y teólogos, hombres habilidosos en el manejo de la Escritura y de la sana doctrina. Con el cambio de las canciones gospel, apenas y cualquiera con el instinto para la poesía se sentía calificado para escribir música para la iglesia. Después de todo, la música nueva se suponía que debía ser testimonio personal, no un tipo de tratado doctrinal sublime.
Antes del tiempo de Sankey, los himnos fueron compuestos con un intencionado, auto conciente y didáctico propósito. Fueron escritos para enseñar y reforzar los conceptos bíblicos y doctrinales en el contexto de la adoración dirigida a Dios. En otras palabras, el tipo de adoración que ellos plasmaron hizo demandas en el intelecto humano. Esos himnos apuntaban a adorar a Dios exaltando y proclamando Su verdad en una manera que elevaba la compresión de la verdad al adorador. Ellos colocaban un estándar de adoración que era tan intelectual como emocional. Y esto era perfectamente bíblico. Después de todo, el primer y gran mandamiento nos enseña amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente (Mat. 22:37). Nunca a ha acontecido en nuestros ancestros espirituales que la adoración haya sido algo que deba hacerse con un bajo intelecto. La adoración a Dios busca adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24).
Pero en el pasado siglo y a la mitad, el concepto popular de adoración ha cambiado tan radicalmente como las formas de música que cantamos. Estos días de adoración son caracterizados como algo que sucede bastante fuera de la esfera del intelecto. Esta destructiva noción ha dado un resurgimiento de algunos movimientos peligrosos en la iglesia contemporánea. Puede haber alcanzado su pináculo en el fenómeno conocido como la bendición de Toronto, donde la risa sin sentido y otras salvajes emociones se creen que constituyen la más pura forma de adoración y una prueba visible de bendición divina.
Como he expuesto en algunos de mis libros publicados, creo que la noción moderna de adoración como un ejercicio sin sentido ha tomado un pesado peaje en las iglesias. Ha conducido a un énfasis disminuido en predicación y enseñanza y un aumento de énfasis en el entretenimiento de la congregación y haciendo sentirlos bien. Todo esto deja al cristiano en la banca sin experiencia e incapaces de discernir, con frecuencia alegres e ignorantes de los peligros que le rodean.
Tal anti-intelectualismo ha infectado nuestra música también. O quizás la música vulgar y frívola es lo que ha engendrado mucho anti-intelectualismo en primer lugar. Efectivamente, puede ser el caso que la música de la iglesia moderna ha hecho mucho más que nadie para preparar el terreno para la predicación superficial, ligera y desnutrida que se ha plagado hoy.
LA ERA DE LOS COROS DE ALABANZA
En el último siglo veinte, otro cambio importante ocurrió. Las canciones Gospel dieron lugar a una nueva forma: los coros de alabanza. Los coros de alabanza son versos medulosos de música pegajosa, generalmente más cortos que las canciones gospel y con menos estrofas.
Los coros de alabanza, como los himnos, son generalmente canciones de adoración dirigidas a Dios. Así que con este mas reciente cambio vino un regreso a la adoración mas pura (mas que el testimonio y el evangelismo) así como al principal enfoque y la razón primordial del canto congregacional.
Pero distinto a los himnos, los coros de alabanza generalmente no tienen un propósito didáctico. Los coros de alabanza se intentan ser cantados como expresión de adoración personal, mientras que los himnos son normalmente expresiones corporativas del culto. Con un énfasis en algunas verdades doctrinales. Un himno normalmente tiene algunas estrofas, cada una construye o expande el tema introducido en la primera estrofa. Por contraste, un coro de alabanza es normalmente mas corto, con uno o dos versos, y la mayoría de estos coros se hace un uso libre de repetición con el fin de prolongar el enfoque en una idea singular o expresión de adoración.
(Obviamente, estas nos son distinciones absolutas. Algunos coros de alabanza contienen instrucción doctrinal, y algunos himnos parecen ser maravillosamente expresiones personales de simple adoración. Pero como regla general, los himnos clásicos sirvieron con un propósito deliberadamente mas didáctico que lo que los coros de alabanza hacen.)
No hay ciertamente nada de malo con la simple y sencilla adoración personal que caracteriza lo mejor de los coros de alabanza del día de hoy. Ni hay nada malo con el empuje evangelístico y testimonial de los cantos Gospel del ayer. Pero es una tragedia profunda que en algunos círculos, solo los coros contemporáneos son cantados. Otras congregaciones limitan su repertorio a cantos Gospel de cien años de antigüedad. Mientras tanto, un largo y rico cuerpo de himnodia cristiana clásica corre peligro de ser completamente y de un descuido completo.
CANTOS, HIMNOS Y CANTICOS ESPIRITUALES
La prescripción bíblica de la música cristiana es encontrada en Colosenses 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”
Esta claramente llama a una variedad de formas musicales “salmos e himnos y cánticos espirituales”. Respecto a el significado de estas expresiones Charles Hodge escribe: “El uso antiguo de la palabra salmos, himnos, parece haber sido tan inexacto como a los términos que corresponden al Inglés para salmo, himno y canción. Pero aún hay una distinción entre ellos.”
Un salmo hablado es una canción sacra escrita para acompañamiento con un instrumento musical (Psalmos es derivado de la palabra que denota el arrancar de las cuerdas con los dedos). La palabra fue usada para designar los salmos del Antiguo Testamento (cf. Hechos 1:20, 13:33), a si como los cantos cristianos (1ª Cor. 14:26). Un himno hablado es una canción de adoración para Dios, un peán religioso. Una canción, por el otro lado, puede ser sacra o música secular. Así que los apóstoles especifican “cantos espirituales”: cantos acerca de cosas espirituales.
Distinciones precisas entre los términos son algo nebulosas, y así como Hodge indicó, esa nebulosidad es reflejada aun en nuestro uso diario moderno de estas palabras. Pero determinando las formas actuales de la iglesia antigua para “Salmos e himnos y cánticos espirituales” hacer una cuidadosa distinción entre las palabras no era esencial, o la Escritura lo habría recordado estas distinciones para nosotros.
El gran significado de la expresión “salmos e himnos y cánticos espirituales” parece ser este: Pablo estaba llamado a una variedad de formas musicales y a una amplia expresión espiritual que no puede personificarse en una sola forma musical. El punto de vista “solo salmos” (que esta ganando popularidad en algunos círculos Reformados el día de hoy) no permite ninguna de esa variedad. Los puntos de vista de los tradicionalistas fundamentalistas quienes parecen querer limitar la música de la iglesia a las formas de la música gospel del pasado siglo veinte silencian la variedad que Pablo esta llamando. Más significativamente, la disposición predominante en las iglesia moderna evangélica, (donde la gente parece querer comer una dieta constante de nada mas que coros simplistas de alabanza.) también destruye la principal variedad que Pablo pone en conjunto aquí.
Yo creo que la comunidad protestante evangélica ha errado cientos de años hacia atrás cuando la escritura de himnos fue casi completamente abandonada a favor de los cantos gospel. El error no fue abrazar la nueva forma. Una vez mas, la forma de la canción gospel tiene un legítimo lugar en la música de la iglesia. Pero el error cae en completamente hacer a un lado la rica herencia de los himnos, junto con la didáctica, riqueza doctrinal de la música cristiana que ha edificado y sostenido muchas generaciones.
Y estoy convencido que los escritores cristianos hoy están cometiendo el mismo error al caer en dejar de escribir una himnos substanciales y mientras purgando himnos antiguos de nuestro repertorio de música congregacional y reemplazándolos con vulgares coros de alabanza y de canciones tipo pop.
ENSEÑANDO Y AMONESTANDO UNO A OTRO
Con demasiada frecuencia es olvidado por los escritores de coros de alabanza y otras modernas músicas de iglesia que es un mandato bíblico el rol didáctico de la música de la iglesia. Se nos ordena a “enseñarnos ya amonestarnos unos a otros… en salmos e himnos y cánticos espirituales.” Algunos modernos coros de alabanza enseñan y amonestan. En cambio, la mayoría se han escrito para remover los sentimientos solamente. Son cantados con frecuencia como un Mantra místico, que tiene el propósito deliberado de poner el intelecto en un estado pasivo mientras el adorador muestra demasiada emoción cuánto más sea posible.
El paradigma de adoración La Viña fue prácticamente establecido en este principio. Y las iglesias del mundo adoptaron este modelo. Consideremos esta descripción de un servicio típico de adoración moderno:
Musica… es limitada exclusivamente a adorar con coros, con líricos mostradas arriba por proyectores más que usando libros, así el adorador tiene completa libertad para responder físicamente. Cada coro es repetido varias veces, y la única señal para moverse al siguiente verso es cuando la proyección cambia. No hay anuncio u observaciones habladas entre los cantos, es mas, no hay guía de música, así que el canto tiene un espontáneo sentir.
La música comienza lenta y suave y se va construyendo gradualmente pero a ritmo constante en un crescendo de 45 minutos. Cada coro sucesivo tiene un tono más emocionalmente fuerte que el anterior. Después de los 45 minutos, el poder emocional de la música incrementa casi por grados imperceptibles de suave y dulce a poderoso, y conducción intensiva. Como al principio cada uno esta sentado. Al ir incrementando el sentir del fervor, la gente responde casi siempre como se le indica, primero levantando las manos, luego parándose, luego arrodillándose y cayendo postrado en el piso. Al final del tiempo de adoración la mita de la congregación esta en la alfombra, muchos boca abajo y retorciendo sede emoción. La música ha sido cuidadosamente y determinadamente traída a esta intensa máxima emoción. Uno presiente que esto es el propósito completo del cantar congregacionalmente, para elevar las emociones a un candente fervor. Entre más intenso sea el sentimiento, mas gente son convencidas de que han verdaderamente “adorado”.
Así mismo en todo esto no hay un particular énfasis en el contenido de los cantos. Cantamos acerca de “sentir” la presencia de Dios entre nosotros, al levantar nuestras emociones a la principal meta su presencia es confirmada y la fuerza de su visitación es medida. Algunas de los cantos dicen al Señor que el Es grande y digno de adoración, pero ninguno realmente dice porqué. No importa, la meta es claramente es mover nuestras emociones, enfocarnos en nuestras mentes y ninguna aspecto en particular de las grandezas de Dios. De hecho, después en el sermón, el predicador nos advierte acercad de seguir nuestras mentes mas que nuestros corazones en cualquiera de nuestros tratos con Dios.
En otras palabras, la adoración aquí es intencionalmente y determinadamente anti-intelectual. Y la música lo refleja. Mientras no existe nada erróneo acerca de de los coros de alabanza que se cantan, no hay nada de sustancia en la mayoría de ellos. Fueron escritos para ser vehículos de pasión, porque la pasión (esta deliberadamente divorciada del intelecto), es lo que define este concepto de “adoración.”
No toda la adoración de la música de la iglesia va tan lejos, claro, pero las más populares tienden decididamente en esta dirección. Cualquiera que sea muy cerebral es automáticamente estimada y rechazada como no muy “adorable” del todo, porque la noción general de adoración francamente no da muy poco lugar al intelecto. Por esto es que los sermones del servicio típico de la iglesia se han acortado y aligerado y mas tiempo se la ha dado a la música. La predicación, que ha sido usada para ser el centro del servicio de adoración, es ahora visto como algo distinto de la adoración, algo que realmente introduce el “tiempo de alabanza y adoración”, en que el enfoque es música, testimonio y oración, pero sobre todo música y música y el propósito primordial es mover las emociones.
Pero si la función apropiada de la música incluye “enseñanza y amonestación”, entonces la música en la iglesia debe ser aún más que un estimulante emocional. De hecho, esto significa que la música y la predicación deben tener el mismo propósito. Ambos, adecuadamente pertenecen a la proclamación de la Palabra de Dios. La predicación es correctamente vista como un aspecto de nuestra adoración. Y en cambio, la música es correctamente vista como un aspecto del ministerio de la Palabra, al igual que la predicación. Por tanto, el escritor de música debe ser hábil en la Escritura y preocupado por la precisión teológica así como el predicador. Y aun más, porque los cantos que escribe probablemente se canten una y otra vez (diferente al sermón que es predicado una sola vez).
Temo que esta perspectiva está completamente perdida en el promedio de músicos de la iglesia de estos días. Como Leonard Payton ha observado:
Tan extrema esa la situación hoy, que cualquiera que conozca media docena de acordes en una guitarra y pueda producir rimas para las especificaciones de las tarjetas Hallmark (tarjetas de felicitación) es considerado calificado para el ejercicio de este componente de ministerio de la Palabra sin que tenga un entrenamiento teológico.
Payton indica que el liderazgo del músico del Antiguo Testamento (Hemán, Asaf y Etán. 1º. Cron. 15:19) eran primero que todo sacerdotes, hombres que habían entregado sus vidas al servicio del Señor (cf. V.17), hombres entrenados en las Escrituras y habilidosos en el manejo de la Palabra de Dios. Sus nombres estaban enlistados como autores de algunos de los salmos inspirados (cf. Sal. 73-83, 88, 89). Payton escribe:
Era Asaf quien trono que Dios mismo “Y los millares de animales en los collados” (Sal. 50:10). Si los músicos modernos de la iglesia escribieran un texto de adoración como este Salmo 50, el probablemente no sería publicado en la industria contemporánea de música cristiana, y el estaría en vía rápida de ser despedido de su iglesia. El salmo 88 de Hemán es incontestablemente el más desolado de todos los Salmos. Todo esto es para decir, que los músicos Levíticos escribieron Salmos, y esos Salmos no estaban obligados a las demandas emocionales y gnósticas de la música evangélica de la iglesia del siglo veinte.

Primero de Reyes 4:31 dice de Salomón: “Aún fue más sabio que todos los hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las naciones de alrededor” Payton observa lo significativo de tal punto:
Si Salomón no estaba en la tierra, dos músicos serían los hombres mas sabios. En resumen, los músicos fueron maestros del más alto orden. Esto me lleva a sospechar que los músicos Levítas, fueron aislados a través de la tierra, sirvieron como maestros de Israel. Además, los Salmos fueron su libro de texto. Y porque este libro de texto fue el libro de música, y puede bien que los músicos Levitas catequizaron la nación de Israel a través del canto de los salmos.
Guste o no, los cantautores del día de hoy son maestros también. Muchas de las letras que ellos escriben pronto serán mucho más profundamente y permanentemente arraigadas en las mentes de los cristianos que cualquier cosa que oigan de la enseñanza de sus pastores desde el púlpito. ¿Cuántos escritores son suficientemente hábiles en teología y la Escritura para calificar para tan vital rol en la catequesis de nuestra gente?
La cuestión es respondida por la escasez de expresión encontrada en muchos de los coros de alabanza de hoy, especialmente cuando son comparados con algunos de los himnos clásicos. Aunque no es verdad en todos los casos, la profundidad teológica que generalmente caracteriza los coros contemporáneos de adoración no es tan profunda y no tan precisa. De hecho, para algunos cantos puede ser apropiado preguntar si la iglesia contemporánea es colectivamente culpable de deshonrar a Dios con esta adoración débil.